OPINIÓN | La noche en la calle Dorrego parece no tener calma. Siguen todavía vigentes las imágenes del salvajismo nocturno del fin de semana anterior que, como en la madrugada de ayer 07/11, que hubo riñas pese a los controles policiales. También, el control de la dirección de tránsito de la municipalidad tuvo un corolario de agresiones y la persecución de un conductor alcoholizado.

Las madrugadas de fin de semana en El Bolsón termina con infractores demorados, coches secuestrados y personas heridas y las intervenciones de la policía, intentando persuadir al orden y calmar a los jóvenes, reciben como respuesta agresiones diversas.
Los uniformados actuaron con la premura de siempre ante los reiterados incidentes en otra noche cuyo escenario tiene abierto interrogantes sobre el control, habilitaciones y cumplimientos de normas que se suponen están vigentes en la nocturnidad de El Bolsón.
Este fin de semana, hubo “roscas” que en algunos casos por la violencia de las fricciones dejó el saldo de heridos internados.
La otra postal nocturna, los vehículos
La dirección de tránsito municipal realizó el control vehículos y conductores, con el habitual resultado de exceso de alcohol, en sangre y al volante, alcoholemias que dejaron el tendal de infractores y automóviles secuestrados, incluso del que fue perseguido por la ciudad, intentado la fuga.
Un escenario increíble, capaz de infartar a cualquier nacido y criado, viejo poblador de El Bolsón viendo la esta realidad.
Un panorama que pondría en apuros a cualquier ciudadano que intentara sugerir formalidad y comportamiento, como lo hacían los padres de antes. Cualquiera podría ser violentado.
Como a los uniformados, quienes deben resistir (y asistir) impávidos al desenfrenado vocabulario de agresiones tratando de intervenir en las grescas.
Una triste realidad por ahora no tiene salida. Tampoco tiene respuesta de las instituciones del estado, las que claramente han demostrado con su silencio indiferencia y lentitud a la urgencia de resolver la movida nocturna.
Es probable que refugiadas en el temeroso intento de poner en valor la vida de todos, con normativas severas que calmen los ruidos de la violencia nocturna, se sientan vulnerables de una inexorable realidad por la penumbra de ciertos intereses que suelen manejarse la oscuridad.
Los padres también son partes responsables de sus hijos.Por ahora, las noticias siguen siendo las de cada fin de semana como el preámbulo a una tragedia anunciada, hasta que un día la crónica sea luctuosa.
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