Se conoció ayer, jueves 08/6, el deceso del fundador del Museo de Piedras Patagónicas, un transformador de los principales atractivos turísticos de la Patagonia en Mallín Ahogado

Durante más de 40 años, Eduardo Lucio junto a su esposa Isabel Giraudo, dedicó su vida a recolectar cada uno de los especímenes que dieron forma hace casi medio siglo al Museo de Piedras Patagónicas, ubicado en su propia chacra de Mallín Ahogado. Con el tiempo, el lugar se convertiría en uno de los principales atractivos turísticos de la región.
Eduardo Lucio valoraba que “desde las piedras viene el origen de la vida y este espacio está dedicado para admirarlas a través de un aprendizaje permanente.
Su esposa Isabel, acompañaba a Eduardo, dice “las piedras hablan y tienen mucho para contarnos, forman parte de nuestra historia e identidad. Hace más de 20 años fundamos este paseo geológico de la Comarca Andina y tiene la función de mostrarnos cómo este mundo mineral que pisamos cotidianamente nos remite a 500 millones de años atrás de nuestra Patagonia, con los episodios geológicos que la modelaron y también con el presente. Nuestra flora nativa, por ejemplo, tiene mucho que ver con la Antártida (con la que estuvimos unidos a través de un puente de tierra); o las capas marinas que encontramos en el seno del valle glaciario del río Azul”.
En la entrada, el público tiene su primera experiencia sensorial a través de una roca sonora traída desde El Saltillo (cercano a Cushamen). La geóloga anfitriona explica que “ocurre a partir de la efusión de lava, que llega a la superficie a más de mil grados. Cuando empieza a perder calor, se contrae y se fractura formando columnas, que generan esfuerzos tensionales y opera como si fuera una cuerda estirada. Al golpearla, se produce el sonido musical”.

Además del sector mineralógico, hay un área con 19 ejemplares de meteoritos. Uno hallado en Esquel está considerado como “uno de los más raros del mundo”. Otro sector es el de malacología, con invertebrados fósiles y actuales, como dos ejemplares de peces de 105 millones de años. Se suma la paleobotánica, donde sobresalen los troncos petrificados de gran tamaño y rareza.
Dentro del salón principal, otro de los atractivos son los ópalos expuestos a la luz ultravioleta que responden con una emisión de luz visible en diferentes colores. Están destinados a mostrar la fluorescencia y fosforescencia de rocas y minerales de la Patagonia.
Con todo, entre los “notables de piedras regionales”, destaca el “corazón de cuarzo, que marca el latir de la Patagonia desde hace 160 millones de años”, en referencia a uno de los especímenes más bellos en exhibición. Se trata de un considerable nódulo de cuarzo microcristalino (calcedonia color ámbar) con las formas perfectas naturales de un corazón. Fue formado por precipitación de sílice aportada por aguas termales que invadieron cavidades producidas en rocas volcánicas del Jurásico.
La partida física de Eduardo Lucio, deja un enorme vacío en la cultura cordillerana. La población de El Bolsón seguramente extrañarán su llegada en la antigua camioneta Ford para hacer las compras en los comercios del pueblo, siempre con su eterna boina negra, bombachas campesinas, el pañuelo al cuello y su chaleco negro, caracterizado siempre por su buen humor y su trato amable con todo el mundo.
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