Santoral | Hoy la iglesia a san Antonio María Claret fundador de los Misioneros Claretianos

EVANGELIO | Jesús y sus discípulos salen de Jericó hacia Jerusalén, se acerca la Pascua y en la misma salida encuentran a Bartimeo el ciego de nacimiento, sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Aquel lugar del camino era su única seguridad, su puesto de trabajo, su fuente de ingresos. No hay nada más triste en el mundo que no ver a Jesús cuando pasa y por eso el ciego pide un milagro para verle.

XXX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
24 de octubre de 2021
Evangelio según san Marcos (10,46-52)

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor

Reflexión (*)
Domingo XXX del Tiempo Ordinario.24 octubre 2021. Mc 10, 46-52. Jesús y sus discípulos salen de Jericó hacia Jerusalén, se acerca la Pascua y en la misma salida encuentran a Bartimeo el ciego de nacimiento, sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Aquel lugar del camino era su única seguridad, su puesto de trabajo, su fuente de ingresos. No hay nada más triste en el mundo que no ver a Jesús cuando pasa y por eso el ciego pide un milagro para verle. Lo reconoce como Mesías, el esperado que va a liberar al pueblo. El ciego quiere que Jesús sea la luz definitiva en su vida, que sea su camino y su meta. Por eso, está dispuesto a todo, y llama a Jesús, grita y no se calla, deja su manto, la poca seguridad que posee. ¡Nada más triste que los ojos de un ciego que no puede ver a Jesús, a no ser que El te abra los ojos! El quiere ver, está esperando a alguien que le haga ver. Cuando el ciego se le acerca, Jesús le pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?»(Mc 10,51). Porque Él nunca impone nada, ni siquiera una curación; se nota su gran respeto por la libertad humana. Quiere dejar atrás su ceguera. Lo reconoce. Lo quiere seguir. Una mirada nueva para descubrir el sentido y las implicaciones del camino de Jesús. Es llamado con amor y su vida renace, se levanta hacia esa voz, orientado por una palabra que se acerca y lo ama. ¡Sentir que alguien te ama te hace fuerte! Cuando abre los ojos se queda con Jesús. Jesús le ha dicho que se vaya, pero él no se ha ido, no ha buscado su propio camino, sino que ha seguido a Jesús, viniendo a presentarse así como prototipo del creyente liberado, de aquel que ya no tiene más profesión ni compromiso que acompañar a Jesús en el camino hacia Jerusalén marcado por la entrega de la vida. Dejo todas sus seguridades, lo poco que tenia de forma que puede caminar, dejó su manto de mendigo, siendo él mismo, sin seguir más atado de un modo pasivo a la orilla del camino. Se parece tanto a la conversión de San Francisco de Asís. No le ha dicho “yo te curo”, sino “tu fe te ha salvado”. Nace una misión que tiene su origen en descubrir ese lugar nuevo de la vida, donde ya no son prioritarias mis seguridades para sobrevivir, sino la certeza de caminar con Jesús y con otros muchos hacia la Pascua. Su misma “fe” curó al ciego, por eso ahora puede caminar, hacer su vida. ¿Qué quiero que haga por mi?, ¿realmente quiero salir de este entorno que me no me deja respirar?, ¿realmente quiero curar ese rencor o estoy cómodo con mi enojo, echándole la culpa de mis males a otra persona?, ¿de veras quiero superar ese vicio, esa costumbre, ese pecado o quiero conservarlo porque creo que me sirve, me conviene o quizás me acostumbré a vivir así? Existe una auténtica inquietud en nosotros cuando pensamos que si conocemos a Dios, si nos encontramos con Jesús, deberemos servirle, dejaremos de ser libres, comenzaran nuevas obligaciones y compromisos. Pero cuando el ciego –símbolo de toda ceguera humana- está frente a Jesús, reconocido como el Mesías, que pronuncia la frase típica de todo servidor «¿Qué quieres que haga por ti?», es Dios que se presenta como humilde siervo, abraza su grito de dolor, y recupera la vista ¡Si tienes esa fe, se hace el milagro! Dice Papa Francisco: “La fe es una protesta contra una condición dolorosa de la cual no entendemos la razón; la no fe es limitarse a sufrir una situación a la cual nos hemos adaptado. La fe es la esperanza de ser salvado; la no fe es acostumbrarse al mal que nos oprime y seguir así” Lo salvó la fe al ver en Jesús la presencia de Dios cerca de él, de ver el camino que conduce a Jerusalén para poder seguirlo. Toda su esperanza esta puesta en Jesús. Jesús es capaz de iluminar el corazón de los que están ciegos y fuera del camino. La misión de los discípulos: “Ánimo, levántate, que te llama”. Abandona tu postración, toma tu vida en tus manos, camina con los otros. Eres tú el que lo debe hacer, nadie puede hacerlo por ti. Dios te salva solo si aceptas meterte en juego y hacer tu parte. Esta es la misión de la Iglesia en salida en este tiempo de camino sinodal. Animar a tantos hermanos y hermanas para que salgan de la exclusión, de la marginalidad, de la resignación. Decir a cada uno Dios te llama, salir de la oscuridad y seguir a Jesús. Si estas con Él nunca estarás en la oscuridad. Es una invitación a sembrar ojos nuevos y nueva luz en nuestro mundo. Todo lo demás viene después.
(*) Jorge Peixoto – OFM
Parroquia Ntra. Señora de Luján – #ElBolsón

LA IGLESIA CELEBRA A SAN ANTONIO MARÍA CLARET, FUNDADOR DE LOS MISIONEROS CLARETIANOS

Antonio nació en Sallent, un pequeño pueblo cerca de Barcelona, en 1807, en el seno de una numerosa familia. Fue educado de manera profundamente cristiana y se distinguió inmediatamente por su devoción a la Virgen y a la Eucaristía y, como sucede a menudo en las las familias numerosas, tuvo que ayudar a su sostenimiento: así que se dedicó a la actividad de tejedor junto con su padre. Sin embargo, Antonio ya sabía que su lugar estaba en otra parte.

Encontrar el propio camino
En 1829 finalmente logró entrar en el seminario de Vich. Ordenado sacerdote en 1835, se fue a Roma: su ideal era partir para la misión. Al principio se dirigió a las oficinas de Propaganda Fide, el Departamento o Sección del Vaticano que se encargaba de las misiones, pero allí sólo consiguió hacer un curso de ejercicios espirituales con un jesuita que lo orientó hacia la Compañía de Jesús. Entró al noviciado jesuita, pero debido a una enfermedad, tuvo que volver a España, donde pasó siete años perfeccionandose en la predicación en toda Cataluña y las Islas Canarias, ganándose también una grande reputación de taumaturgo. Antonio tenía también un talento excepcional para el arte de la oratoria y era muy convincente por su testimonio coherente y por su límpida vida ascética: siempre caminaba a pie, como un peregrino, con una Biblia y un breviario en mano. En 1849 decidió fundar una nueva Congregación de misioneros, los Hijos del Inmaculado Corazón de María que consagró a la Virgen. Congregación muy perseguida durante la Guerra Civil Española, ya que de hecho, 271 de ellos murieron como mártires de la fe.

Finalmente en misión: Pastor en Cuba
Su sueño de ir en misión finalmente pudo hacerse realidad: nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba – ciudad de la Nueva España que todavía estaba bajo la debilitada corona española – llegó allí en 1851, encontrando una diócesis muy desorganizada por la prolongada ausencia de un pastor: clero pobre y poco preparado, un seminario arruinado, iglesias descuidadas. Inmediatamente se puso manos a la obra: celebró un sínodo diocesano, estableció la obligación de los ejercicios espirituales para los sacerdotes, hizo retornar a los religiosos expulsados del país y, sobre todo, viajó por todo su territorio, visitando incluso los rincones más escondidos. También combatió la injusticia y la pobreza difusas, pero su caridad pastoral que ponía en evidencia los atropellos de los corruptos le atrajo no pocos enemigos: en Holguín fue herido en un atentado a su vida. Con la ayuda de la Venerable María Antonia Paris, en 1855, fundó en Cuba la rama femenina de la Congregación: las Religiosas de María Inmaculada, las Misioneras Claretianas.

Su regreso a Europa y los últimos años
En 1857 la Reina de España llamó Antonio para que regresase a Madrid pues lo quería como su confesor. En aquel entonces, se respiraba ya el clima del declino español, pues sus colonias se estaban independizando y el Segundo Imperio Francés estaba extendiendo su influencia en Africa y Europa. Como los obispos de las colonias todavía seguían dependiendo de la monarquía española, Antonio no pudo hacer otra cosa que obedecer a la Reina. Ligado fuertemente a la corona española, en 1868 Antonio tuvo que acompañar también luego a la Reina en su exilio a París, donde continuó su predicación. En Roma participó luego en el Concilio Vaticano I, y allí defendió la infalibilidad del Papa en materia de fe y costumbres. Finalmente también fue perseguido pero se refugió en el monasterio de Fontfroide, cerca de Narbona, donde murió en 1870. En el rito de la canonización celebrado por Pío XII el 8 de mayo de 1950, el Papa lo recordaba así: «Modesto en apariencia, pero capaz de imponer respeto a los grandes de la tierra; fuerte en carácter, sin embargo, dotado de la suave dulzura de quien ha probado la austeridad y la penitencia; siempre en la presencia de Dios, incluso en medio de una prodigiosa actividad exterior; calumniado y admirado, celebrado y perseguido. Y por encima de tantas maravillas, resalta como luz suave que todo ilumina, su grande devoción a la Madre de Dios».

Oración para recibir gracias por la intercesión de San Antonio María Claret:
Señor,
que hiciste de San Antonio María Claret, un verdadero Padre,
un celoso apóstol de la gloria de Dios y la salvación de todos los hombres,
concédenos la misma ardiente caridad que inflamó su corazón
para que continuemos con intensidad y eficacia
su trabajo apostólico.
Haz que sus hijos se multipliquen
para expandir el Reino del Señor,
y que en el momento de nuestra muerte
merezcamos ser reconocidos como «fieles servidores» de Cristo y del Evangelio.
Amén.

Fuente: Vaticannews

@Limite42

 

Acerca de Angel Daniel Morales

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Aɴɢᴇʟ Dᴀɴɪᴇʟ Mᴏʀᴀʟᴇs Periodista Independiente DIRECTOR EDITORIAL Diario Digital de El Bolsón – Río Negro 𝖤ɴ ᴛɪᴇᴍᴘᴏ𝗌 ᴅᴇ ᴇɴɢᴀɴ̃ᴏ ᴜɴɪᴠᴇʀ𝗌ᴀʟ ʟᴀ ᴠᴇʀᴅᴀᴅ ᴇ𝗌 ʀᴇᴠᴏʟᴜᴄɪᴏɴᴀʀɪᴀ

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