“En la vida tenemos mil cosas
que son grandes, sublimes y hermosas,
que ennoblecen y alegran el alma
alentándonos el corazón”.

Conocí al Dr. Alfredo Barbeito allá por 1993, cuando todavía ejercía como legislador. Desde aquel primer encuentro quedó entre nosotros una relación sencilla y amable, de esas que el tiempo no borra, aunque las distancias y los años hagan menos frecuentes los encuentros.
Era fiel seguidor de mis programas de radio y siempre lo decía con una sonrisa cómplice: “sos el único que pone tangos”. Lo decía el viejo tanguero, que a pesar de haber hecho su vida en la Patagonia, llevaba la sangre porteña corriéndole por las venas al compás del 2×4.
Alguna vez fue el tango “Los Mareados”, en la voz inconfundible del Polaco Goyeneche, el que nos llevó a una charla larga y apasionada. Coincidimos en que el Polaco fue único: voz raspada y emotiva, de fraseos personales, un modo magistral de jugar con los silencios y los tiempos del tango, como quien cuenta una historia con el alma en carne viva.
Como sucede siempre en la vida, el tiempo pasó y los encuentros se fueron espaciando. Aun así, tuve el privilegio de entrevistarlo a don Barbeito, como poblador y como profesional, para mis historias radiales de “El Bolsón de Antes”. Me quedó su palabra, su recuerdo, su mirada sobre un pueblo que ayudó a construir.
Y entonces, como en el tango, llegó nada: nada más que tristeza y dolor cuando me alcanzó la noticia de su fallecimiento.

José Alfredo Barbeito se fue en el año del Centenario de El Bolsón, justo cuando todo hacía pensar que estaría sentado entre los invitados, junto a tantos pobladores que forman parte viva de nuestra historia. No estará en esa silla, pero su ausencia también dirá presente.

Hoy está con Dios, en esa Luz que no tiene fin, quizá escuchando un tango, cerrando los ojos, dejando que el bandoneón marque el compás eterno de la memoria.
Q.E.P.D. querido viejo!
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