EDITORIAL | Si sabemos conservar la memoria conservaremos el espíritu vivo del lugar que aún se añora

Es necesario conservar la memoria para sostener el espíritu altruista de las vivencias y poder transmitirlas a quienes nos siguen. Mirar hacia atrás —entrever cómo era este lugar hace más de un centenar de años y aun antes— es el desafío que nos convoca: descubrir cuánto ha cambiado y cuánto, milagrosamente, permanece.
El relevamiento de actividades vinculadas a la historia, realizado entre octubre y enero por hombres y mujeres que trabajaron con compromiso en comisiones especialmente designadas, logró plasmar —de manera total o parcial— un resultado valioso y profundamente honesto. Fue un esfuerzo colectivo orientado a reflotar cien años de historia que hoy cumple El Bolsón.
La memoria lejana sigue siendo el punto de apoyo desde el cual reconocernos en las virtudes de nuestros pioneros. Ellos, con razón o intuición, con sacrificio y esperanza, lucharon por dejar la identidad que hoy habita este lugar y nos define.
La memoria reciente, despertada en decenas de testimonios que durante años permanecieron en silencio, trajo a escena a protagonistas invisibilizados. Voces que afloraron desde la experiencia directa o desde la herencia de la sangre, renovando datos, corrigiendo relatos, diciendo y desdiciendo, con la autoridad que otorga la pertenencia.
Así llegamos a la fecha fundacional, que no se agota en la fiesta de cumpleaños. Todo lo que vendrá será también celebración: encuentros, actividades y espacios de memoria que la comunidad vivirá en 2026 para seguir tejiendo su historia, impulsadas desde el área correspondiente de la municipalidad local.
El Bolsón se convirtió en ciudad y suma hoy nuevos testimonios de “nuevas gentes” que, a su modo, remedan los esfuerzos y los sueños compartidos de aquellos pioneros que pisaron esta tierra por primera vez. Recordar la vida de entonces estimula la memoria colectiva, agita el corazón y estremece el alma hasta las lágrimas.
Así lo vivimos en estas últimas horas: personas nacidas aquí, alejadas por la vida de su terruño, que regresaron para emocionarse. Abrazos, llantos y recuerdos de quienes aún viven para contarlo y de quienes ya no están, pero siguen presentes en cada evocación de aquellos años.
Porque la historia es, esencialmente, eso. No solo los datos fríos de los estudios —valiosos, sin duda— sino el sentimiento profundo de lo que fue y sigue siendo bueno: la alegría, la unión y la generosidad que transmitían las familias de entonces.
En todos los sentidos, para vivir este aniversario centenario.
¡Felicidades, El Bolsón!
Angel Daniel Morales | @limite42
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